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Sin duda, ésta es la mejor receta del mundo para lograr una excelente masa con la cual recortar galletas. Lo tiene todo: es rápida de hacer, manejable, firme a la hora de recortar, saludable, y encima está muy rica.

Si tienes varios moldes olvidados en tu cocina… es el momento adecuado para darles uso! Imagen relacionada

Éstas galletas quedan perfectas para regalar, envueltas en un papel celofán dentro de una bolsa graciosa de papel; también son ideales en época navideña con los moldes temáticos apropiados, o para preparar junto a niños a vuestros peques una tarde lluviosa…

¿Qué tipo de galleta queda?

Son galletas tipo las de mantequilla de toda la vida. Peeeeeroooo (y ahí esta la gracia) no llevan mantequilla. En su lugar, usaremos judías blancas trituradas 😏. Antes de que pongas cara de susto sigue leyendo.

Con las judías blancas aportaremos a la receta la textura que necesitamos (y que en su lugar le aportarían las mantequillas o margarinas convencionales) y un alto valor nutricional y proteico, sin añadir a las galletas ningún tipo de sabor que pueda recordarnos al de las judías en sí. ¿Genial, no? Si encima no llevan azúcar ni harina refinados y además es apta para aquellos alérgicos al huevo y la lactosa… se convierte en una receta de 10.

Esta idea la saqué del canal youtube Postres Saludables, que os recomiendo visitar sin duda.

Con estas cantidades de ingredientes me salieron unas 15-16 galletas, pero dependiendo claro está del molde que utilicéis, os saldrán más o menos unidades.

Si seguís estas proporciones, no fallaréis:

**LOS INGREDIENTES

  • 130 gramos de harina de avena integral (=avena molida)
  • 75 gramos de harina de almendras (=almendras molidas).
  • 35 gramos de aceite de coco (por ser muy suave y rico en grasas saludables, aporta un toque de mayor suavidad que si usáramos el de oliva, pero puede sustituirse por éste último).
  • 50 gramos de “mantequilla” de judías blancas*.
  • 5 cucharadas soperas de panela.
  • 1 cucharada sopera de sirope de ágave.
  • 3 cucharadas soperas de leche vegetal de nuestra preferencia (avena, arroz, almendra, soja…).
  • 1 pizca de sal.
  • 1 pizca de vainilla natural (opcional, pero da un toque especial. Que sea “muy pizca”, pues la vainilla natural tiende a amargar).

*Comenzamos con la falsa mantequilla a base de judías: cogemos judías blancas en conserva. Las enjuagamos hasta que el agua salga totalmente limpia y sin espumilla. Las dejamos secar en el escurridor y las batimos en un vaso alto con la ayuda de un túrmix, hasta obtener una mezcla cremosa y homogénea. Reservamos.

En un bol batimos con un batidor manual de varillas la leche vegetal y la panela. Incorporamos la mantequilla de judías y seguimos batiendo hasta conseguir una textura lo más homogénea posible (quedaran alguno grumos pequeños, pero no importa. Al final de todo quedarán bien integrados. Podéis batirlo con el túrmix si queréis). Por último añadimos el aceite de coco, que para aquellos que no estéis familiarizados os recuerdo que es un aceite que se solidifica a temperatura ambiente en invierno, de modo que para añadirlo líquido precisaréis de ponerlo unos segundos en el microondas. Yo lo he usado tanto sólido como líquido y no he observado diferencia. Batimos todo de nuevo.

En un bol aparte añadimos los ingredientes secos: la harina de avena, la de almendra, la sal y la vainilla. Los mezclamos (con una cuchara mismamente).

A esta mezcla de ingredientes secos añadimos la otra mezcla  y, con la mano (importante hacerlo con la mano) amasaremos hasta obtener una mezcla compacta. Con unos 5 minutos es suficiente. Sabremos que la mezcla está perfecta cuando ceda suavemente a la presión de nuestros dedos, como si se tratara de plastilina blanda.

Dividimos esta masa en dos bolas, y las envolvemos por separado con papel film. Las reservamos en la nevera durante unos 15 minutos. Con esto conseguiremos una masa más fácil de manipular.

Ponemos a precalentar el horno.

Transcurridos estos 15 minutos, colocamos la porción de la masa entre dos hojas de papel vegetal (papel de horno), y con la ayuda de un rodillo (o botella de vidrio) vamos estirando la masa. El grosor ideal para mí es de unos 3-4 mm a ojo de buen cubero: ni muy fina (para que no se rompan las galletas al cortarlas y pasarlas a la bandeja del horno) ni muy gruesas (para que sean un poco crujientes).

Una vez la masa está estirada, con la ayuda de los moldes que queramos vamos obteniendo las galletas. Con cuidado (nos podemos ayudar de un cuchillo de punta redonda) colocamos las galletas cortadas en la bandeja del horno, forrada previamente con papel vegetal.

Las horneamos durante 10-12 minutos, hasta que estén doradas.

Inmediatamente después de haberlas horneado, las dejamos enfriar en la propia bandeja 5 minutos. Y, pasado ese tiempo, las pasamos a una rejilla para dejarlas enfriar del todo. Si nada más salir del horno las pasáis a la rejilla saltándoos ese enfriado intermedio, corréis el riesgo de que se os rompan las galletitas.

Si queréis, una vez frías, las podéis decorar con chocolate fundido. En decoración la imaginación es libre!

Se conservan perfectamente en un tupper hermético.

Disfrutadlas!


Yo las hice con forma de muñequito y las decoré con chocolate fundido sin azúcar, valiéndome de un palillo para los ojos y la boca.

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